viernes, 15 de enero de 2016

De Lanatta a Forza y los US$200.000 para 'el Morsa'

Buenos Aires, Argentina
viernes 15.01.2016

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"LA EJECUCIÓN"

De Lanatta a Forza y los US$200.000 para 'el Morsa'

Emilia Delfino y Rodrigo Alegre presentaron, en 2011, su libro "La Ejecución - La Historia Secreta del Triple Crimen que desnudó la conexión con la mafia de los medicamentos y la recaudación de la campaña K" (Sudamericana), una investigación impecable que en enero 2016 ha regresado a los escaparates de los textos más vendidos. La triple fuga del penal de General Alvear, con recaptura escandalosa, de Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, actualizó la trama sobre la que escribieron. Aquí un fragmento muy intersante de ese texto:

Martín Lanatta, un personaje más peligroso que el que se percibe en esta imagen de derrota. Foto NA

EMILIA DELFINO y RODRIGO ALEGRE
 
El lunes 4 de agosto por la noche, Forza parecía haber solucionado casi todos sus conflictos y apaciguado las peleas con casi todos sus enemigos. Los mexicanos estaban tranquilos, Marcelo Abasto le había vendido su deuda a Pérez Corradi, Cali habia dejado de amenazarlo y había hecho las paces con Pose. Todo marchaba bien. Posiblemente concretarían el negocio que tanto había buscado: ahora que Tarzia estaba preso, el y sus flamantes socios tenían el camino libre para conseguir la efedrina que necesitaban venderles sin intermediarios a los mexicanos.
 
El primer negocio había resultado mal. Forza había conseguido más de cien kilos de efedrina en tachos sellados. Los mexicanos cotejaron la mercadería y hallaron que la sustancia estaba cortada con sal, es decir, adulterada. A pesar de que Sebastián juraba no haber sido responsable de la adulteración, entregó como paliativo a los mexicanos una droguería que había intentado venderles originariamente en 300 mil pesos. Forza había conseguido la efedrina cortada por medio de Martín Lanatta. Lo que el joven empresario jamás supo es que, para entonces, Lanatta ya estaba asociado a Ibar Esteban Pérez Corradi. Y que sus movimientos comerciales eran informados al financista al que le debía casi dos millones de pesos.
 
El lunes siguiente al allanamiento de la quinta de Ingeniero Maschwitz, el 24 de julio de 2008, Forza fue citado vía telefónica por el abogado de Tarzia y Martínez Espinoza, Francisco Chiarelli.
 
El abogado habría oficiado como contacto local del mexicano para concretar las operaciones que ya estaban planeadas. Para entonces, Don Jesús ya había abandonado la Argentina y estaba prófugo de la Justicia. Pero quería recuperar lo que le había costado su paso por Buenos Aires.
 
Forza llegó al estudio de la calle Paraná cerca de las 13. El abogado, de traje, pelada prominente y cejas levantadas, lo condujo hasta un despacho. Mientras avanzaba hacia la oficina privada, vio mexicanos esperando en el hall de entrada. Chiarelli cerró las puertas.
 
-Necesito que me des una mano para vender la droguería que le ofreciste al señor Martínez Espinoza.
 
-Sí, Meg-Farm.
 
-Sí, el tema es que necesitamos efectivo para la fianza de Tarzia. Si vendemos la droguería, me pueden pagar a mi.
 
Sebastián Forza propuso compensar a Don Jesús con más efedrina.
 
-Eso hablablo con Martínez Espinoza.
 
Forza no necesitaba a Chiarelli, o eso creía. Tenía un e-mail de Martínez Espinoza, en el que el mexicano le proponía hacer negocios con efedrina y lo invitaba a viajar a México. Sólo necesitaba conseguir la sustancia. Comenzaba el plan para ocupar el lugar de Marcelo Tarzia.
 
Dos testigos clave de la causa, que declararon bajo reserva de identidad para garantizar su protección -a uno de ellos Forza lo había invitado a sumarse al gran negocio-, contaron que, por medio de Martín Lanatta, Sebastián conseguía la efedrina a 900 dólares el kilo y que luego planeaba venderla a Don Jesús a 2 mil dólares. Otros 500 dólares costaría sacarla del país. Para el mexicano seguía siendo una ganga. También le dijo a uno de los testigos que el jueves siguiente, el 7 de agosto, cerraría la compra a Lanatta.
 
Forza recurrió a uno de sus ex amigos, ahora acreedores: Marcelo Abasto.
 
-Tengo un negocio. Son suplementos dietarios. Hay que sacarlos del país.
 
-¿Cómo mierda va a valer más el flete que el producto? -le contestó Abasto.
 
-Es efedrina. Hay que mandarla a México, pero la mandamos en envases de suplementos. Por cien kilos me garpan veinte lucas verdes. Vos lo único que tenés que hacer es despachar el producto.
 
El lunes 4 de agosto, Forza se reunió con Pose en un bar de Pilar. A su ex negociador de deudas y custodio personal no lo atendía hacía semanas, ya que éste le reclamaba el pago de una comisión de diez mil pesos por la venta de la droguería a Tarzia. Los e-mails y mensajes constantes de Pose desbordaban insultos y amenazas. Pero esa tarde sellaron las paces con un abrazo. "A mi m cagaron. No me dieron una moneda por haber hecho de intermediario con Tarzia. Yo me puse como loco. Yo quería mi plata. Pensé que la venta había sido por derecha y no, cambiaron la droguería por efedrina."
 
Ese lunes, Pose y Forza hablaron de Don Jesús.
 
-Solucioná los problemas con los mexicanos porque te andan buscando.
 
-Pero la efedrina me la dieron cortada o la cortó Tarzia. Yo no tengo nada que ver, enano.
 
-Decíselo al mexicano.
 
Pose desenfundó la radio Nextel de Martínez Espinoza que Juliani le había dado antes para que se comunicara con Don Jesús.
 
-Habla Don Jesús...
 
Sebastián habló directamente con el jefe delante de Pose, quien escuchó cuando el mexicano le perdonó la deuda por los tachos con sal a cambio de que pusiera los papeles de la droguería en orden y así poder importar la efedrina desde China e India. Lo invitó nuevamente a México. El pibe desbordaba felicidad. Sentía que se había salvado para siempre.
 
Le confesó a Pose que había abandonado el mercado de los medicamentos y que estaba haciendo negocios con un grupo de chicos, que iba a hacer una fortuna y que la plata no iba a ser un problema.
 
-Yo confío en vos, enano... ojo con Pérez Corradi, es un muchacho muy, muy peligroso.
 
-¿Recién te das cuenta? ¡Dejate de joder!
 
Todo parecía volver a encaminarse. El negocio se cerró ese lunes 4 de agosto por la noche.
 
"Chiarelli nos contó que, el lunes anterior a la desaparición de los chicos, Forza, Ferrón y Bina habían estado en su oficina. En ese momento, alrededor de las once de la noche, el celular de Forza registra una llamada realizada al teléfono de Martínez Espinoza. Habían arreglado la situación", asegura Pierri. Damián Ferrón y su socio Salerno también habían vendido efedrina a Tarzia, anteriormente.
 
(...) Martín Eduardo Lanatta va con la cabeza gacha y al descubierto, y los ojos clavados en los pasos que lo arrastran sin remedio hacia el auto policial. Con las muñecas esposadas hacia adelante, la sombra de la barba y los sentidos desorientados por los intermitentes flashes fotográficos, su cuerpo fornido se adentra en un viaje a la prisión.
 
(...) -¿Cómo conoció a Sebastián Forza? -pregunta el fiscal para abrir la indgatoria.
 
Lanatta respira hondo. Vuelve a acomodarse en la silla. Está listo.
 
-Fue a mediados de 2007, aproximadamente. Me lo presentó un amigo. Sebastián venía de sufrir una salidera bancaria, le habían robado una pistola Glock. Ya tenía la portación a nombre de una empresa, pero había perdido las credenciales y quería regularizar la situación. Lo asesoré, completó el trámite y presentó los papeles en el RENAR (Registro Nacional de Armas). Después, le sugerí que se comprara una pistola Tanfoglio 40 milímetros.
 
(...) -¿Cómo conoció a Ibar Esteban Pérez Corradi? -retoma el funcionario judicial.
 
-Sebastián (Forza) me lo presentó como un amigo suyo en la oficina de la calle Pasaje King, donde tenía su empresa. También lo asesoré a Pérez Corradi. Compró en la Armería Pizzu una pistola Pietro Beretta calibre 40 y otra Taurus 9 milímetros.
 
-¿Sabe a qué se dedica Pérez Corradi, exactamente?
 
-Creo que al rubro medicamentos, de hecho hicimos la sociedad de la droguería. Nunca perdí relación con Forza ni con Pérez Corradi. No recuerdo la fecha con exactitud pero cuando se terminó el trámite de Pérez Corradi en el RENAR, para esa época ya estaban enemistados.
 
(...) Con 37 años, se presentaba ante terceros como instructor de tiro, un amante de la caza, y se declaraba un entusiasta comprador de revólveres, pistolas, escopetas y también fusiles. "Solía modificar las armas, ya sea aliviando los gatillos o haciendo postizos de roscas en los caños para colocarles silenciadores que él mismo fabricaba. Era un maestro en eso", refiere un testigo de identidad reservada que compartió en más de una oportunidad una cacería de jabalíes con el quilmeño.
 
La caza mayor figuraba entre sus pasatiempos. Organizaba excursiones de caza con grupos numerosos en un campo de la localidad de General Lavalle, cuyas hectáreas pertenecían en aquel entonces al senador justicialista Osvaldo Goicochea.
 
(...) El abogado Miguel Ángel Pierri considera que Lanatta es un personaje clave en la historia. "El jueves que los chicos desaparecen, Lanatta cita a Forza, a Ferrón y a Bina para arreglar un tema pendiente. Ahora, el tema se le fue de las manos o los entregó porque él no estaba en el lugar mientras lo mataban".
 
(...) El 30 de noviembre de 2007 había creado Homeland Broker Security S.A., una empresa de seguridad privada, cuyos servicios iban desde el blindaje de redes informáticas y consultoría a empresas hasta la resolución de conflictos con tomas de rehenes, secuestros extorsivos y narcóticos. Se asoció junto a Eduardo Menchi y el comisario Miguel Ángel Colella, un alto jefe de la División de Asuntos Internos, que había investigado al ex comisario Jorge "Fino" Palacios por sus comunicaciones telefónicas con el reducidor de autos Sagorsky durante el secuestro del joven Axel Blumberg.
 
(...) Sebastián le contó la misma historia a su esposa Solange a fines de 2007. Y quedó plasmada en la causa judicial que investiga el Triple Crimen. Le contó a Bellone que había ido a ver a Martín Lanatta y éste le dijo que "lo estaban caminando" y que si "ponía una plata, él le aseguraba que no lo iban a seguir más". Juntó 200 mil dólares y los llevó a una oficina, conducido por Lanatta, donde los esperaba un sujeto apodado "el Morsa". la misma anécdota fue relatada por uno de los empleados en la droguería. Forza necesitaba frenar una investigación contra SeaCamp y tenía dos días para recaudar el dinero. El empleado dijo, además, que Lanatta oficiaba como intermediario entre las partes. (...).

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