domingo, 20 de diciembre de 2015

Murió el bipartidismo en España y necesitará gobierno de coalición

 
 
Urgente24.com  |21/12/2015 Compartir Urgente24 twitter facebook rss urgente24.com google plus
 
 
 
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Murió el bipartidismo en España y necesitará gobierno de coalición

En España, el PP ganó este domingo 20/12 las elecciones con el 28,7% de los votos y 123 escaños, 63 menos que en 2011, resultado que le sitúa a 6 puntos y 33 escaños del PSOE, pero coloca a Mariano Rajoy ante una situación complicada para formar Gobierno. El PP y el PSOE perdieron en conjunto 5,4 millones de votos respecto al resultado de las elecciones de 2011 mientras que, enfrente, surgieron 2 grandes alternativas de poder, Podemos y Ciudadanos, que sumaron más de 8 millones. Entonces, fin del bipartidismo en el mapa político español después de más de 30 años y panorama incierto para la gobernabilidad donde la salida deberá ser un gobierno de coalición. La sopa de pactos está servida y dará que hablar, marcada por un empate entre la suma de los partidos de izquierda (PSOE, Podemos e IU), con 161 escaños, prácticamente lo mismo que suma el centro-derecha (PP y Ciudadanos): 163.

El nuevo Parlamento español será un rompecabezas con más piezas de las que tenía el anterior y, además, difíciles de encajar por incompatibilidades entre ellas. La sombra de la ingobernabilidad marcará el día después del 20-D, porque hace falta el acuerdo de más de tres partidos para llegar a los 176 escaños de la mayoría absoluta.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La realidad es que la ventaja superior a los 6 puntos que este domingo 20/12 le ha sacado Mariano Rajoy al candidato del PSOE, Pedro Sánchez, no consigue colocar al Presidente en funciones en una posición desahogada para volver a formar Gobierno. Su partido perdió 16 puntos desde 2011 y casi 3,7 millones de votos. Las urnas han reestructurao también el espacio dentro de la izquierda, en el que los socialistas, los más vulnerables, logran a duras penas mantener la supremacía con 90 diputados y el 22% de los votos (1,5 millón menos que hace 4 años), frente a los 69 diputados y el 19% de los sufragios alcanzados por Pablo Iglesias al frente de Podemos y fuerzas afines. Izquierda Unida, que hasta ahora ha trabajado con 11 diputados, queda reducida a la marginalidad, con 2 representantes.
 
Si bien el PSOE ha sido el gran perdedor de estas elecciones, pues ha quedado en porcentaje de voto y en escaños por debajo de los resultados obtenidos hace 4 años por Alfredo Pérez Rubalcaba, la nueva aritmética parlamentaria pone a Pedro Sánchez al alcance de intentar la formación de Gobierno con Pablo Iglesias, los grupos nacionalistas y Esquerra Republicana. Pudiera suceder que las negociaciones de Ciudadanos con el PP naufraguen y Albert Rivera de también la sorpresa aceptando conducir a los socialistas a La Moncloa con la participación de otras compañías, un escenario no descartable a la vista del incierto mapa abierto este domingo. En todo caso, la mayoría absoluta del PP en el Senado bloquearía la actividad legislativa.
 
Otra posibilidad sería la de la gran coalición. Durante la campaña, Sánchez descartó con vehemencia una alianza de Gobierno con el PP, antes incluso de su choque en el cara a cara con Mariano Rajoy. No obstante, podrían alzarse de nuevo en las filas socialistas las voces favorables a esta idea, de la que ha sido tradicional defensor, entre otros, el expresidente Felipe González.
 
Pero la fuerza más votada fue el PP de Mariano Rajoy, que obtuvo 123 diputados, tendrá muy difícil gobernar: ni siquiera un acuerdo con los 40 parlamentarios de Albert Rivera (PSOE) sería suficiente. 
 
Los socialistas mantuvieron el 2do. puesto pese a caer hasta los 90 escaños, y Podemos irrumpió con ímpetu arrollador hasta los 69. Tal y como se ha venido perfilando a lo largo de toda la campaña, se abre una nueva etapa política que no tiene referente en ninguno de los procesos electorales de la democracia española. 
El bipartidismo que ha sobrevivido durante casi 4 décadas, llega ahora a su fin. España entra en una dinámica marcada fundamentalmente por el empuje de las nuevas generaciones que siempre han vivido en un régimen de libertades y que no votaron la Constitución. Ahora, España se asoma a un escenario político en el que, por el momento, no se ve con claridad la fórmula para garantizar la gobernabilidad. 
 
Los socialistas han cerrado las urnas sintiendo el aliento en la nuca de un nuevo partido: Podemos, que ha logrado un espectacular resultado, aunque yendo en coalición con fuerzas menores en Valencia, Cataluña y Galicia. 
 
El partido liderado por Pablo Iglesias y sus compañeros de comicios (En Marea, Compromís y En Comú Podem) han conseguido entrar en el poder legislativo con 69 escaños.
 
La otra fuerza emergente, Ciudadanos, se ha desinflado llamativamente respecto a los resultados que le llegaron a vaticinar las encuestas. El partido encabezado por Albert Rivera finalmente ha logrado 40 escaños. Teniendo en cuenta que se estrenaba en el teatro nacional, su entrada en el Congreso también puede calificarse como muy importante. 
 
En estos comicios, las 2 fuerzas tradicionales -PP y PSOE- que se han turnado durante casi 4 décadas en el poder, han perdido en conjunto más de 5 millones de votos. En 2011 un total de 17,8 millones de españoles escogieron o la papeleta popular o la papeleta socialista. Ahora sólo lo hicieron 12,6 millones. 
 
En el otro lado de la balanza, los dos partidos nuevos -Podemos y Ciudadanos- han conseguido atraer en su 1ra. actuación en unos comicios generales, el sufragio de 8,5 millones de españoles.
 
Las 2 fuerzas nuevas no sólo han robado voluntades políticas a manos llenas a populares y socialistas, sino que también han atraído al nuevo votante y han conseguido laminar a partidos que hasta bien entrada la legislatura tenían excelentes perspectivas, como Izquierda Unida o UPyD. 
 
IU, encabezada por Alberto Garzón, apenas ha obtenido 2 escaños por Madrid. En tanto que la formación magenta, liderada en estos comicios por Andrés Herzog, no ha logrado ni un solo puesto en el Parlamento. 
 
El panorama que se dibuja ahora con la vista puesta en la gobernación es, de partida, muy difícil. 
 
En principio, atendiendo a la dicotomía derecha-izquierda, el bloque formado por Partido Popular y Ciudadanos suma un total de 163 escaños, insuficiente para constituir un Gobierno con manos libres, e insuficiente también para sacar adelante sólo con sus votos la investidura del líder del PP como nuevo presidente del Gobierno. 
 
Lo mismo sucede con el tándem Podemos-PSOE que juntos sumarían 159 escaños. No obstante, esta 2da. fórmula, podría llegar a contar con el respaldo de otros partidos menores más radicales e incluso nacionalistas. 
 
Resulta difícil imaginar un Gobierno pentapartito -que evidentemente marginaría al PP que ha sido la fuerza más votada-, pero quizá no lo sea tanto a la hora de sacar adelante la investidura de un líder de izquierdas. 
 
Ahora bien ¿cuál? En este bloque, el PSOE es la fuerza más votada, pero su candidato Pedro Sánchez ha conseguido el peor resultado de la historia para su formación y su posición interna no es precisamente de gran fortaleza. No es el caso de Pablo Iglesias, al frente de Podemos. 
 
Su liderazgo, con los excelentes resultados logrados se consolida, pero no hay que olvidar que buena parte de sus escaños han sido obtenidos por fuerzas con las que se presentaba coaligado en comunidades autónomas en las que no contaba con suficiente red propia y que en el Congreso de los Diputados previsiblemente se dividirán en varios grupos parlamentarios.
 
Existe una 3ra. posibilidad, experimentada en otras naciones europeas -el caso alemán es el paradigma-, pero jamás en España. Se trata de la gran coalición que implicaría ver un Gobierno en el que vayan de la mano PP y PSOE. Un experimento así sería visto de inmediato como un intento, último quizá, de las dos fuerzas tradicionales por seguir manteniéndose, contra viento y marea, en el poder.No hay duda de que un acuerdo de este tipo supera los números tanto para investir a un presidente como para gobernar. 
 
Sin embargo, si lo que se pone sobre la mesa son programas concretos, las diferencias entre las dos formaciones parecen demasiado grandes como para lograr un pacto tan estrecho. De hecho, es esta una fórmula que, según las encuestas que se han realizado antes y durante la campaña, no gusta a los ciudadanos. El líder socialista, Pedro Sánchez, afirmó que, por su parte, permitirá que sea el candidato de la fuerza más votada, es decir, Mariano Rajoy, quien abra la ronda de negociaciones y contactos para intentar conseguir un acuerdo que permita formar Gobierno. 
 
En cualquier caso, resulta necesario tener en cuenta que para gobernar no es imprescindible contar con el respaldo de una mayoría absoluta. Un Ejecutivo sin el apoyo continuo de 176 diputados es posible aunque se ve lógicamente obligado a negociar cada paso con fuerzas muy diferentes. El Parlamento gana en viveza, pero también, si la división del Hemiciclo es excesiva, sufre de inestabilidad. Las fuerzas emergentes que han dado un vuelco al panorama político quieren cambio, quieren tomar las riendas de un nuevo futuro. Y ya están aquí. Estas han sido las elecciones de la catarsis y como tales dan paso a un periodo inicial de inevitable confusión que exige altura de miras para evitar los riesgos evidentes del caos.
 
La regla del pacto empezará a explorarse de manera inmediata con los contactos entre líderes, dirigidos en principio por el más votado. Mariano Rajoy intentará buscar apoyos, en el mejor de los casos para alcanzar un pacto de gobernabilidad que asegure, como él repite, una legislatura estable y, en el peor, para lograr su investidura como nuevo presidente y formar un Ejecutivo dispuesto a caminar el máximo tiempo posible pero sobre la cuerda floja. 
 
En este último escenario es muy posible que la legislatura no llegue a durar los cuatro años que en principio marca la ley.La situación es tan incierta que no resulta descabellado plantear la hipótesis de una repetición de elecciones si finalmente nadie consigue los apoyos suficientes como para formar Gobierno. Las investiduras en España nunca se han aplazado más allá de mes y medio a contar desde la cita con las urnas. 
 
Sin embargo en esta ocasión las cosas son distintas. Tras un intento de investidura fracasado se abre un plazo de 2 meses para seguir celebrando intentos de votación. Cumplidas esas 8 semanas, si no hay éxito, el Rey, con el refrendo del Presidente del Congreso, procede a la convocatoria de nuevas elecciones generales.
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