sábado, 21 de diciembre de 2013

El Papa a la Curia: "Que no sea una aduana burocrática"

 
 
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El Papa a la Curia: "Que no sea una aduana burocrática"

En su primer mensaje de todos los que dará en el fin de año, el Papa señaló las características necesarias para evitar que la estructura de la curia católica apostólica romana se vuelva "controladora e inquisidora" (triste pasado... ).

Según el Papa esa es una característica "indispensable" del sacerdote. Y en la Curia, se debe traducir en poner en práctica una "objeción de conciencia a las habladurías".

por ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
 
CIUDAD DEL VATICANO (Europa Press). Profesionalidad, servicio y santidad cotidiana. Son las características fundamentales que deberían tener todos los integrantes de la Curia Romana. Sin ellas se cae en la mediocridad, en las habladurías y la estructura se vuelve una “aduana burocrática, controladora e inquisidora”. En su primer mensaje de Navidad, ante sus colaboradores en la Santa Sede, el Papa Francisco trazó el identikit del “buen curial”. Y agradeció el trabajo silencioso de quienes integran una realidad que pasa tiempos difíciles, en espera de una reforma.
 
Por tradición, en su discurso anual a los cardenales, superiores y oficiales de la Curia vaticana, el pontífice hace un repaso del año que termina o aborda temas importantes para él. En el papado de Benedicto XVI solían ser mensajes largos y densos. En este ocasión Jorge Mario Bergoglio fue mucho más sobrio. Y dedicó buena parte a decir “gracias”.
 
“Gracias por su servicio cotidiano: por el celo, la diligencia, la creatividad; gracias por el esfuerzo, no siempre fácil, de colaborar en el trabajo, de escucharse y confrontarse, de valorar personalidades y cualidades diferentes en el respeto recíproco”, exclamó.
 
Destacó especialmente a quienes han terminado su servicio y se jubilan. Les agradeció “de corazón” por el trabajo de muchos años, realizado “con dedicación y en lo escondido”. Confesó que admira a los monseñores que siguen el modelo de los “antiguos curiales” y son personas ejemplares, que trabajan con competencia, con rigor, con abnegación, desempeñando con esmero sus tareas de cada día. 
 
Sostuvo que hubiese deseado expresar su admiración a cada uno llamándoles por su nombre, pero evitó hacerlo para no olvidarse de alguno y evitar el riesgo de cometer una injusticia. 
 
Un reconocimiento significativo, en tiempos en que la Curia Romana parece encontrarse bajo acusación, como si fuese la causa de todos los males para la Iglesia católica. Una sensación alimentada por la opinión de muchos cardenales antes del más reciente Cónclave y la reforma en curso, que le dará un nuevo rostro.
 
“De este modelo y este testimonio, tomo las características del oficial de la Curia y, más aún, del superior que me gustaría destacar: la profesionalidad y el servicio. La profesionalidad, que significa competencia, estudio, actualización. Es un requisito fundamental para trabajar en la Curia. Naturalmente, la profesionalidad se va formando, y en parte también se adquiere; pero pienso que, precisamente para que se forme y para que se adquiera, es necesario que haya una buena base desde el principio”, indicó.
 
La segunda cualidad -precisó- debe ser la del servicio al Papa y a los obispos, a la Iglesia universal y a las iglesias particulares, lo cual permite en la Curia Romana “respirar” la doble dimensión de la Iglesia: una compenetración entre lo universal y lo particular.
 
“Cuando no hay profesionalidad, lentamente se va resbalando hacia el área de la mediocridad. Los expedientes se convierten en informes de ‘cliché’ y en comunicaciones sin levadura de vida, incapaces de generar horizontes de grandeza. Por otro lado, cuando la actitud no es de servicio a las iglesias particulares y a sus obispos, crece entonces la estructura de la Curia como una pesada aduana burocrática, controladora e inquisidora, que no permite la acción del espíritu santo y el crecimiento de pueblo de Dios”, advirtió.
 
A esas dos cualidades agregó una tercera: la “santidad de vida”, lo más importante en la jerarquía de valores porque está en la base de la calidad del trabajo. Una santidad que se traduce en “apertura del corazón, oración constante, humildad profunda, caridad fraterna en las relaciones con los colegas, apostolado, servicio pastoral discreto, fiel, ejercido con celo en contacto directo con el pueblo de Dios”. 
 
Según el Papa esa es una característica “indispensable” del sacerdote. Y en la Curia, se debe traducir en poner en práctica una “objeción de conciencia a las habladurías”. 
 
Recordó que los católicos suelen insistir mucho en el valor de la objeción de conciencia y lo hacen con razón, pero señaló que tal vez ellos mismos deberían ejercerla para oponerse a una “ley no escrita de nuestros ambientes, que por desgracia es la de la cháchara (el chismorreo ndr)”. 
 
“Así pues, hagamos todos objeción de conciencia; y –fíjense ustedes– no lo digo sólo desde un punto de vista moral. La cháchara daña la calidad de las personas, del trabajo y del ambiente”, insistió.
 
“Queridos hermanos, sintámonos todos unidos en este último tramo del camino a Belén. Nos puede venir bien meditar sobre el papel de san José, tan callado y tan necesario al lado de la Virgen María. Pensemos en él, en su preocupación por su esposa y por el Niño. Esto nos dice mucho sobre nuestro servicio a la Iglesia. Por tanto, vivamos esta Navidad muy unidos espiritualmente a san José”, auguró.
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