martes, 30 de abril de 2013

Sofía, o la monarquía que no quiere Máxima

 
 
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Sofía, o la monarquía que no quiere Máxima

No necesariamente ser reina es motivo de dicha y felicidad. Puede ser... un lecho de rosas. El caso de la reina Sofía es un reflejo donde no querría mirarse ni Maxíma de Holanda ni Letizia de Asturias ni nadie...

Sofía, reina de España.

 

por EDGAR MAINHARD

CIUDAD DE BUENOS AIRES (2015). Tiempos de transición en las monarquías europeas, las más conocidas del planeta. Una nueva generación al mando, en un escenario de menor prestigio de las casas reales como instituciones aconsejables para el siglo 21. Para muchos, los presupuestos de reyes, reinas, príncipes y princesas son gastos superfluos, innecesarios, excesivos en tiempos de crisis.

Pero también hay un cambio en los hábitos y costumbres de los monarcas. Se les exige que dejen de lado una frecuente condición de la realeza: el exceso. Por ello,la transparencia en el destino de las erogaciones, ajustes en sus cuentas, y la posibilidad de quedar bajo la lupa de los medios de comunicación.

Hace algunos años, por ejemplo, informar sobre las infidelidades conyugales del rey Juan Carlos I de Borbón era imposible en España. Sin embargo, el libro La Soledad de la Reina, de Pilar Eyre (Editorial El Ateneo, 526 páginas), abunda en detalles al respecto, en un texto tan ameno como pormenorizado, que también refleja otra sociedad, donde en los hogares tradicionales el divorcio era prohibido, se toleraba que el esposo tuviese al menos una amante, y la esposa tenía una vida pública menguada o bien nula.

Si bien el libro de Pilar Eyre resulta una biografía de Sofía de Grecia, esposa del rey Borbón, también es una crónica de la transición española -contada desde un punto de vista no convencional-, y plantea el contraste del cambio de época entre Sofía y la princesa Letizia, la mujer del heredero Felipe, aunque también concluye que entre el divorcio (tal como se animó a plantearlo Diane Spencer, ante la preferencia de Carlos de Windsor por su ex novia Camilla Parker-Bowles) y continuar con “la máscara” de Sofía, la ambición de Letizia Ortiz la llevaría a no romper su vínculo conyugal.

Pero son tiempos de mayor igualdad en las relaciones entre hombres y mujeres, y la tendencia alcanza a los aristrócratas.  Máxima Zorreguieta Cerruti y su esposa, el ahora rey Guillermo Alejandro, intentan ser un reflejo de los nuevos tiempos.

Pero a Sofía le tocaron los tiempos antiguos. que Pilar Eyre relata con mucho arte, sin duda con la complicidad de la propia reina, quizás por aquello de que la venganza es una gastronomía que se engulle bien fría (y si Sofía pudo sobrellevar el desdén de Francisco Franco, vaya si no es paciente):

“(…) ¡No tenía a nadie a quien contarle sus cuitas! Solo su madre. Las cartas volaban diariamente a Madrás, con la recomendación de que fueran destruidas de inmediato. Cartas llenas de preguntas, de incertidumbres, de dudas… Es de suponer la respuesta de Federica, ya de vuelta de tantas cosas:

-Hija, disfruta. ¡Tienes todo aquello por lo que has luchado! Relájate… Piensa en lo que daría tu hermano por estar como tú… Busca tu área de actuación, está todo po rhacer… Vuela alto, yo no te he educado para que prestes atención a cosas menores que te degradan.

Juanito (N. de la R.: así le llaman en la familia al hoy monarca españoldurante la semana se levantaba temprano y se encerraba en su despacho. Por la noche, entraba tarde en la habitación, tirando cosas, tropezando con los muebles. Sofía oía sus imprecaciones, se incorporaba con sus castos camisones largos hasta los pies y cerrados hasta el cuello (el detalle trascendió no me atrevo a decir cómo) y le preguntaba fingiendo que la había despertado:

-Juanito, ¿pasa algo?

Y el rey contestaba sentándose en la cama y quitándose los zapatos con un suspiro de alivio:

-¡He estado reunido siete horas con Torcuato…! Hemos estado cargándonos levemente los Principios Nacionales del Movimiento, a ver por dónde les podemos meter mano. ¿Te parece poca cosa?

Olía a tabaco, un poco a colonia, a licor fuerte, a cuero y a una cosa más indefinible. ¿Cigarrillos perfumados, un algo femenino?

-¿Había mujeres?

-Bueno, ha venido Adolfo Suárez, ya sabes que como director de Televisión Española se portó muy bien, y su secretaria, Carmen Díez de Rivera.

 

Sofía se extrañó:

-¿Conoces el nombre de una secretaria?

Pero ya Juanito se impacientaba:

-Joder, no es una secretaria normal, es la hija de la marquesa de Llanzol… secretaria politica, yo qué sé.

Pero Sofía prosiguió, implacable:

-¿Es guapa?

Y como sí lo era, ¡y mucho! (…)”.

En esos tiempos comenzaron a dormir en habitaciones separadas, con la excusa de que esa actividad social nocturna de él no debía entorpecer la existencia normal de ella. La reina no estuvo de acuerdo pero prevaleció la opinión del rey.

Sin embargo, tal como ocurre a menudo en la vida, hubo un antes y un después, un acontecimiento que dividió aguas para siempre en aquella pareja, como si fuese el Mar Rojo cuando Moisés lo tocó con su vara bendecida. Un acontecimiento traumático que cambió las reglas del matrimonio.

En este caso fue aquella visita en invierno a Toledo, coto de caza a hora y media de Madrid. Sofía viajó en el Audio 100 junto a sus hijos Elena, Cristina y Felipe. Querían darle una grata sorpresa a Juan Carlos sin saber que la cacería del Borbón no era de ciervos ni jabalíes…

“(…) Cuando llegaron frente a la casa-palacio, Sofía se sorprendió. Las ventanas estaban cerradas, las persianas echadas. Ningún coche a la vista, tan solo un viejo Jeep. Gaudencio se apresuró a decir:

-Señora, no hay nadie, deben estar cazando todavía… ¿Regresamos? ¡Quizás su majestad ha vuelto a Madrid!

Sofía paseó la vista por la fachada de la casa, algo destartalada, todo daba sensación de silencio y abandono.

-Sí, Gaudencio, lástima… -titubeó, los niños se impacientaban, con los rostros pegados al cristal-. Vámonos, aún podemos llegar a casa a la hora de comer.

Con un suspiro de alivio, el conductor empezó a dar marcha atrás, cuando Felipe se puso a gritar:

-Mira, mami, es Moro. ¡Moro!

El enorme mastín del rey, el negro Moro, avanzaba pesadamente hacia ellos moviendo la cola. Sofía le dijo a Gaudencio:

-¡Pare! ¡Sí está el rey!

Abrió la puerta y les dijo a los niños:

-Vamos.

Rectificó:

-No, mejor esperad. (…)”.

El relato, pormenorizado, es terrible, entre el dueño de casa intentando disuadir a la reina de ingresar a la casa, y ella empeñada en entrar porque ya había visto adentro a uno de la guardia de seguridad de su marido. En el piso alto de la casa, Sofía abrió la puerta de una habitación y presenció una escena para ella tan traumática como imborrable. Fue el motivo de un largo periplo posterior, imprevisto, con sus hijos por India, a visitar a su madre.

 

Luego, hubo muchas mujeres en la vida de Juan Carlos. Eyre habla de “la vedette”, “la decoradora mallorquina”, “las dos Palomas (una cantante y otra modelo)”, “la estrella del destape de impresionantes ojos verdes”, “la actriz jovencita”, “un par de amigas aristócratas de juventud”, “otra más que iba contando por Madrid que estaba esperando un hijo suyo”, etc. Un harén.

Sin embargo, ocurrió el famoso 23-F, el intento de golpe de Estado, durante el cual la reina estuvo desfalleciente (un golpe militar había acabado con la Casa Real en Grecia, obligándolos a irse con lo puesto), y el monarca tuvo una actitud ejemplar en defensa de la democracia, que afirmó la transición española y lo consolidó en el trono.

Eyre acierta en la definición: “Su actitud heroica el 23-F lo convirtió en un dios, y a los dioses no se les piden cuentas de sus actos, no se les juzga, no se les critica. Pueden actuar con perfecta impunidad, porque nadie osará ponerlos en evidencia.”

La biógrafa no autorizada recuerda que José García Abad, en su imprescindible texto La Soledad del Rey, hasta se sintió fuerte como para labrarse una fortunita para compensar las penurias económicas del pasado. Así llegaron los de “la corte de los negocios”, con aventureros y filibusteros. También, especula la autora, pudo haber convertido el matrimonio en crisis en una sociedad de intereses comerciales comunes. Es inevitable recordar, al respecto, la situación presente, con Cristina de Borbón, infanta de España, una de las hijas de los reyes, complicada judicialmente en negocios turbios, junto a su marido, Iñaki Urdangarin Liebaert, duque consorte de Palma de Mallorca.

¿Son diferentes Felipe y Letizia, los príncipes de Asturias? No puede anticiparse mucho. Interesante los comentarios de la autora acerca de la construcción de la imagen de Letizia Ortiz como “exitosa presentadora de noticias”, antes de presentarla como futura esposa del heredero de los Borbón.

Hubo oposición paterna y amenaza del hijo:

-O Letizia o lo dejo todo.

Y las rabietas y presiones de ella sobre Felipe para modificar el statu-quo vigente.

Los testimonios que reunió Eyre presentan a un rey dispuesto a “morir con las botas puestas”nada de abdicar como hizo Beatriz de Holanda.

Pero un día, bastante cercano y en ocasión de otra cacería, que terminó con un accidente que obligó a la cirugía de cadera del monarca, se conoció la relación tan íntima de Juan Carlos con la intermediaria de negocios Corinna Larsen, una empresaria alemana de origen danés que estuvo casada con el aristócrata alemán Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, de la antigua casa condal de Sayn-Wittgenstein-Sayn, y por eso ella decidió llamarse Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

En crisis profunda de la economía española, más de 6 millones de desempleados, miles y miles de deshaucios (desalojos), un monarca de excursión sibarita con amante es una excentricidad para algunos intolerable, aún cuando Corinna insista en que Juan Carlos era un invitado suyo, y la Casa Real explicara los muchos negocios que a España le ha permitido la sociedad del monarca y su amiga.

Desde entonces hay un movimiento creciente por la abdicación del monarca, reclamando un nuevo estilo en la Casa de Borbón. No hay que dar por caído a Juan Carlos porque él lanzó ya su ofensiva: en crisis institucional de la monarquía, con tanto auge de independismo renovado en el País Vasco y Catalunya, afirma estar trabajando personalmente en un esquema que preserve a España tal como se la conoce. No es una historia finalizada sino en progreso. Sin embargo, nada de eso alivia ni remedia la soledad de Sofía.

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