jueves, 28 de marzo de 2013

Bachelet precandidata pidió construir "una nueva mayoría social"

 
 
Urgente24.com  |28/03/2013 Compartir Urgente24 twitter facebook rss urgente24.com google plus
 
 
 
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Bachelet precandidata pidió construir "una nueva mayoría social"

"Yo no voy a proponer un programa elaborado entre 4 paredes, voy a trabajar para conducir el próximo gobierno, el 1er. gobierno de una nueva mayoría social que nos permita luchar contra la desigualdad": la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, oficializó su candidatura presidencial y respaldó las primarias del 30/06, mecanismo que valoró durante su discurso.

Bachelet tuvo un buen puntapié inicial, está manejando la agenda política, pero la campaña recién comienza. Y tal como ella dijo anoche "si ganamos es porque hubo una movilización ciudadana y esa comienza hoy".

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Michele Bachelet Bachelet llegó a Santiago a las 8:18 hora de Chile, proveniente de Nueva York, ciudad en la que residía desde 2010, tras su nombramiento como directora ejecutiva de ONU-Mujeres, cargo al que renunció el 15/03. La esperaban en la estación aérea los alcaldes de Santiago, Carolina Tohá (PPD) y de Pudahuel, Johnny Carrasco (PS).
 
En el salón VIP del aeropuerto, la ex Mandataria expresó que "me siento muy comprometida con mi país, y es por eso que he decidido volver".
 
Cerca de las 20:40 hora de Santiago, ella llegó al centro cívico y cultural de la comuna de El Bosque, lugar donde se realizaba el lanzamiento de la exposición "Retratos de una Presidenta, 2006-2010", con pinturas que ilustraban el mandato presidencial de Bachelet, actividad organizada por el alcalde Sadi Melo.
 
Tras hacer un recorrido por las instalaciones, la flamante ex jefa de ONU Mujeres tomó la palabra para oficializar su candidatura a regresar al Palacio La Moneda.
 
"Les dije que en marzo hablamos. Y estoy aquí, dispuesta a cumplir este desafío: he tomado la decisión de ser candidata", fueron los primeros atisbos de lo que todos esperaban: la oficialización de su candidatura presidencial por el PS y el PPD.
 
Luego del esperado anuncio, el público empezó a entonar el Himno Nacional, a lo que se sumó la misma Bachelet, quien reconoció que en su período de gobierno "quedaron reformas sin hacer", e hizo hincapié en un "creciente malestar ciudadano" que se ha enfocado a su juicio en los estudiantes, en la clase media y en regiones. 
 
Bachelet señaló que "éste es un país que ha cambiado" en el que las personas "están cansadas de los abusos de poder".
 
Ella dijo: "La enorme desigualdad en Chile es el motivo del enojo. Es un enojo justo". Asi, la ex jefa de Estado dio a conocer uno de los ejes de su discurso, ahora como precandidata.
 
"Durante mucho tiempo nos dedicamos a hacer ajustes y cambios al modelo. Algunos han sido buenos. Pero otros insuficientes. Tenemos que llevar a cabo reformas más profundas si de verdad queremos derrotar la desigualdad en nuestro país. Chile tiene hoy una ciudadanía mas madura y empoderada. Estamos entrando en un nuevo ciclo político y social", añadió.
 
Michelle Bachelet aceptó participar de las primarias del 30/06, mecanismo al cual calificó como "un camino legítimo y válido para que sea la ciudadanía la que señale su preferencia".
 
"Es por eso que he decidido participar en las primarias de la Concertación y de la oposición. Porque el camino  a La Moneda no será la tarea de una candidata, de un equipo, o de una coalición de partidos", enfatizó.
 
El discurso ha tenido un nivel de profundidad que no coincidía con su estrategia de guardar silencio y ganar tiempo, considerando que corre con ventaja la carrera presidencial: el 54% tiene decidido a darle su voto en las elecciones de noviembre, de acuerdo a la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).
 
Bachelet hizo un diagnóstico sobre los cambios que ha vivido Chile desde que dejó el Gobierno en 2010 y, por 1ra. vez, ha abordado la indignación, que se expresó en las movilizaciones estudiantiles de 2011: “Sabemos que hay un malestar ciudadano bastante transversal. Lo hemos visto en los estudiantes, en su movilización por una educación gratuita y de calidad. Lo hemos visto también una clase media que se siente excluida y desprotegida (…) Chile ha cambiado y es hoy, un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos. Es un país cuyas personas están cansadas de los abusos de poder y de que sus necesidades no sean tomadas en cuenta”.
 
La intervención de Bachelet fue trasmitida en directo por los principales medios de comunicación, presentes en un auditorio pequeño de un centro cultural, sin la presencia de figuras de centroizquierda y con un público de unas 300 personas, en su mayoría mujeres y líderes sociales, puesta en escena cuidadosamente trabajada por un pequeño grupo de asesores.
 
“Debemos combatir la desigualdad con decisión. Esa debe ser, a todo nivel, nuestra prioridad”, ha señalado.
 
Bachelet ha evitado la confrontación directa con el Gobierno de Sebastián Piñera y ha reconocido que el país ha tenido mejoras sociales y progreso económico desde el retorno a la democracia en 1990. Pero también dijo: “Es muy cierto que el crecimiento produce empleo, mejoras en los ingresos y dinamismo en la economía. Pero también es cierto que no hay crecimiento real si no es inclusivo, si la riqueza del país no llega a todos sus habitantes”.
 
 
Cumplió. Dijo que en marzo hablaba y lo hizo anoche. No solo anunció formalmente su candidatura presidencial, sino que con su discurso Michelle Bachelet rompió su criticado silencio y delineó varios ejes de lo que será su campaña. Habló de errores cometidos, del evidente malestar ciudadano, puso en el centro del debate el “imperativo ético y político” de enfrentar la desigualdad, apuntó a la necesidad de “reformas profundas” al modelo y dejó claro que su objetivo no es liderar la Concertación, sino que un gobierno de una nueva mayoría política y social. Sin embargo, dejó una arista no menor pendiente: no dijo ni una sola línea de los cambios que necesita el sistema político, esquivando hablar de modificaciones claves como eliminar el  binominal ni menos de una asamblea constituyente.
 
Durante los veinte minutos que Bachelet habló en el centro cívico de El Bosque demostró que los tres años en Naciones Unidas no fueron en vano, habló con mayor aplomo, se le vio empoderada. Más allá de su ya conocido estilo llano y afable –improvisando en varias ocasiones y saliéndose de libreto como cuando cantó desafinadamente la canción nacional- dio varias señales a los partidos de la Concertación de cómo pretende hacer las cosas en esta vuelta a la primera fila de la coyuntura. La más relevante y un verdadero giro, fue cuando afirmó que su programa no lo hará “entre cuatro paredes” y que va a trabajar “para conducir el próximo gobierno, el primer gobierno de una nueva mayoría social que nos permita luchar contra la desigualdad”.
 
No fue casual que en el día de su regreso a Chile, en todo minuto las únicas caras visibles de los partidos a su alrededor, fueran alcaldes, no cualquiera, sino los más “emblemáticos” de los comicios de octubre pasado, los que obtuvieron las más altas votaciones, los que derrotaron bastiones claves de la derecha, como Carolina Tohá (PPD) en Santiago. Es que los alcaldes tienen otra relación con la ciudadanía, más directa, más en terreno, son de partidos casi todos, pero son vistos como más cercanos y concretos, vínculo que será un eje clave para construir esa nueva mayoría de la que habló Bachelet.
 
Nunca habló de buscar un quinto gobierno de la Concertación ni menos de defender “ejes históricos” de la coalición. Por el contrario, dijo abiertamente que quiere liderar a la oposición, sumar y generar una nueva mayoría social y política, dejando claro con ello que no hay vetos a ningún sector. Con sus palabras no apunta a boicotear a los partidos, como está de moda este tiempo, algo difícil de pensar además de alguien que ha militado toda su vida en uno, sino que el mensaje apunta más a reconocer que las cosas cambiaron, que la Concertación por sí sola no tiene el apoyo de la gente, que la única manera de capitalizar el apoyo incombustible del que goza hasta ahora en las encuestas y transformarlo en votos, pasa por algo más profundo y real que el sólo hecho de esconder bajo de la alfombra a los dirigentes de la coalición por algunos días.
 
Por eso no fue casual que en el día de su regreso a Chile, en todo minuto las únicas caras visibles de los partidos a su alrededor, fueran alcaldes, no cualquiera, sino los más “emblemáticos” de los comicios de octubre pasado, los que obtuvieron las más altas votaciones, los que derrotaron bastiones claves de la derecha, como Carolina Tohá (PPD) en Santiago. Es que los alcaldes tienen otra relación con la ciudadanía, más directa, más en terreno, son de partidos casi todos, pero son vistos como más cercanos y concretos, vínculo que será un eje clave para construir esa nueva mayoría de la que habló Bachelet.
 
Esa es la razón por la que dijo que hoy el país “tiene hoy una ciudadanía más madura y empoderada”, que se está entrando “en un nuevo ciclo político y social”. Se refirió al malestar ciudadano, habló del “enojo justo” que existe cuya raíz está  en “la enorme desigualdad en Chile” y que esa desigualdad representa “una fractura social que es ética y políticamente inaceptable”.
 
En los tres años que Bachelet estuvo afuera, se incubó y tomó fuerza un movimiento social que fue más allá de ser mera oposición a un gobierno de derecha, uno que reclama por educación de calidad y gratuita, por fin al lucro, la necesidad de respeto por la diversidad, que rechaza el desdén a la realidad de las regiones, que demanda derechos laborales reales, respeto por los derechos sexuales, mayor equidad y más inclusión.
 
A cada una de esas demandas Bachelet anoche trató de hacerles un guiño, mostrar que había tomado nota, que ha escuchado ese reclamo. Así en su discurso se refirió a la brecha salarial, el abuso de las empresas con sus clientes, la “letra chica”, los abusos de poder, el excesivo centralismo, los altos pagos en salud y educación que sofocan a la clase media.
 
Sin mencionar al gobierno de Sebastián Piñera, dejó traslucir una crítica de fondo, cuando recalcó que es cierto que el crecimiento económico es importante, que es verdad que permite generar empleos, pero que ese “crecimiento no es real” si no es realmente inclusivo y sostenible en el tiempo.
 
Fue ahí cuando introdujo el punto de las reformas profundas al modelo, que era necesario “revisar las bases” de éste, que hay que “pasar de un modelo basado exclusivamente en la exportación de materias primas a uno que sustente mucho más en el conocimiento, en el emprendimiento, en la iniciativa”.
 
Fue un discurso mucho más político que lo que muchos esperaban, sin embargo, Bachelet no hizo una sola mención a un aspecto central del debate nacional que es que el actual sistema político está deslegitimado, con varios de sus elásticos prontos a cortarse. Sólo por mencionar dos: un sistema electoral que no es representativo y un régimen de quórum legislativos que son una verdadera camisa de fuerza que neutraliza cualquier intento de cambios al modelo que institucionaliza los abusos.
 
No habló de reformas políticas, de cambiar el binominal, de plebiscito y eso que estos puntos son fundamentales para un sector no menor de la oposición, del movimiento social al cual apela.
 
En este ítem está la demanda por una Asamblea Constituyente como fórmula para así destrabar los enclaves de la Constitución y desatar los amarres institucionales que tienen ahogado al sistema.
 
Cabe recordar que no hace mucho, el año pasado, el senador PS, Camilo Escalona, dijo públicamente que hablar de Asamblea Constituyente era “fumar opio” -el gran factótum de Bachelet en su primer gobierno-, desechando de un plumazo las demandas en ese sentido.
 
La fórmula de la Asamblea Constituyente en sí, más allá de la promesa fácil de campaña, tiene detractores en todos los ámbitos, incluso en aquellos que públicamente la avalan. El problema es que Bachelet tampoco delineó siquiera alguna alternativa viable o que genere algún grado de consenso que permita vislumbrar un asomo de un cambio político-institucional.
 
Lo más cerca que estuvo de los cambios al sistema político fue un par de frases bastante ambiguas, que quedan abiertas a la interpretación. “Sólo seremos desarrollados si cambiamos la forma de hacer las cosas” y luego agregó que “es importante lo que se hace pero también cómo se hace”.
 
Habló de participación, de diálogo y usó un tono mucho más humilde que muchos en la Concertación, que ya dan por ganada la elección, cuando advirtió que “tenemos que trabajar mucho para que eso pase” al responder a las cerca de 300 personas que en ese momento gritaban “se siente, se siente Michelle Presidente”.
 
Adherentes, detractores e incluso los críticos, lo cierto es que nadie quedó ayer indiferente al regreso de Bachelet a Chile. En la derecha habló hasta el gato desde el momento que aterrizó el avión a las 8:18 de la mañana, opinando de lo que debería ser su campaña, criticando la ausencia de los dirigentes de la Concertación en la primera fila, de la necesidad que de respuestas, mientras que en el gobierno el síndrome del pato cojo se hizo sentir con fuerza en La Moneda.
 
Bachelet tuvo un buen puntapié inicial, está manejando la agenda política, pero la campaña recién comienza. Y tal como ella dijo anoche “si ganamos es porque hubo una movilización ciudadana y esa comienza hoy”.
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